Blog de venquetecuento

UNA ESTANCIA EN EL RECUERDO

Froilán Ramírez, viudo, 69 años, tres hijos y 4 nietos. Retirado de mis actividades como ingeniero agrónomo, una preciosa y generosa estancia y uno de mis hijos como administrador de ella.

*COMIENZO DE LA HISTORIA:

Junto a mis padres y dos hermanos comenzamos a trabajar en una estancia de un señor llamado Sebastián Marrero, como mi madre oficiaba de cocinera y nos tuvo que llevar a vivir con ella, no teníamos donde  vivir, entonces el señor nos ofreció una pequeña pieza con un bañito que se encontraba detrás de la casa principal. El señor Marrero y su esposa Sara, eran padres de dos hijos: Bettina y Ricardo, de casi la misma edad de nosotros, Aníbal y Santiago.

En principio nos encontrábamos perdidos ya que no nos animábamos a compartir nuestros juegos con ellos. Pero ese temor pronto desapareció. Al poco tiempo ya éramos amigos y compañeros de juegos. Por las tardes salíamos a jugar al campo, a pescar en el lago cercano a la estancia, a cazar mariposas o andar a caballo, cosa que aprendimos ahí. Por las mañanas íbamos a la escuelita que se hallaba no tan lejos de allí. Nos llevaba Don Jacinto en una carreta, recogía a varios chicos y después los dejaba en cada estancia. Por la tarde debajo de la galería, hacíamos la tarea luego de volver de los juegos campestres.

Fuimos creciendo en ese ambiente tan especial. Tomábamos la merienda con el pan de horno que hacía y cocía mi madre.

Algunas noches y munidos de un farol a querosene solíamos caminar un tramo contemplando las estrellas y las  luciérnagas. Los ruidos de la noche, de muchos pequeños animales o aves que día no se escuchan. Siempre acompañados por el fiel Manón, un ovejero alemán, bravo si los había.

La siembra y recolección estaba a cargo de maquinarias agrícolas que se alquilaban y eran manejadas por especialistas. Los cinco peones no trabajaban la tierra, pero se ocupaban de tareas de mantenimiento. Mi padre, oficinista de buen nivel trabajaba en la administración, junto a un contador. Poco a poco tanto Bettina como Ricardo iban aprendiendo el manejo de la estancia, la siembra, la recolección, la venta, la compra de insumos, etc. Contando ella con dieciséis años de edad, su padre se va de este mundo, lo cual no es impedimento para que las actividades del campo se vean paralizadas. La rueda estaba en marcha, había que hacer que no se detenga.

Pero nuestro padre pensó que nosotros no teníamos ningún porvenir en ese lugar, así que hablando previamente con mi madre, se fue a la Capital donde merced a la intervención de un viejo amigo, encontró un trabajo de operador de máquinas herramientas, oficio que le enseñó un buen compañero. Mi madre comenzó a cocinar y vender, comida de mesa y pastelería, muchos platos se vendían en la fábrica donde mi padre trabajaba. Santiago prefirió dedicarse a la tornería mecánica. No quería estudiar, yo en cambio, tomé la decisión de estudiar, quería ser Ingeniero Agrónomo, los aromas y las vivencias del campo las tenía incorporadas en mí. Estudié lo más que pude, pero las materias hay que completarlas y eso lleva tiempo. Al fin conseguí mi ansiado título. Ahora al ataque. Con otro colega designado por la universidad, comencé los trabajos prácticos, había que explotar el título.

Fuimos visitando estancias y practicando en sitio la especialidad elegida, de todos modos, los trabajos prácticos en  eso consistían, ya algo de experiencia había acumulado. Y así, una vez solo comencé a recorrer establecimientos con el corazón como queriéndose salir del pecho, estaba ansioso por llegar a la estancia del recuerdo, la del señor Marrero. Con qué me encontraré? , como me recibirán? Bettina una señorita ya seguramente, Doña Sara?. Y con esa ilusión de verlos y ese temor de que no estuvieran más iba tragando kilómetros y adentrándome en los establecimientos. Mi trabajo consistía fundamentalmente en efectuar controles referidos al tema agrario.

Bueno, ya llegamos, la tranquera no ha cambiado, estoy temblando. Me apeo del coche abro el portón y me acerco con el coche hasta cerca de la galería en donde se encontraban varias personas. Y ahí: Bettina vestida como una amazona, Doña Sara algo entrada en años, Ricardo un mozo robusto y simpático y dos peones que no conocía.

-Aníbal, dime si estoy soñando¡¡¡ (ya sabían de mi visita)

-No Bettina, es la realidad, es el hoy, pero veo que casi todo sigue igual.

-No creas, se fueron ustedes, algunos peones, vino otra cocinera con su esposo; sus hijos se quedaron en un pueblo cercano para dedicarse a otras actividades. Mi padre se fue de este mundo y con mis hermanos llevamos las riendas del campo, pero tuvimos que poner mano dura, con la gente, los maquinistas, el contador y el administrador. Se pensaban que iban a pasarnos por encima, tan luego a Ricardo y a mí que conocemos los rudimentos del oficio.

-Hola Aníbal, qué emoción cuán grande estás¡¡¡

-Buenas tardes Doña Sara, un placer y una emoción gigantes.

-Te quedarás o irás pronto?

-Todo el tiempo que ustedes me permitan.

Llega la noche, una opípara cena nos aguardaba. Como solamente estábamos la familia y yo, Bettina, la voz cantante del grupo habló en los siguientes términos:

-Aníbal: mi madre, hermano y yo hemos tocado un tema en el que tú no estás ausente, el de hacerte una proposición que puede interesarte, cual es quedarte con nosotros y te haremos partícipe del campo, elaboramos una propuesta para que la estudies tranquilo en casa y cuando vuelvas, lo más pronto posible, nos des una respuesta.

Antes de emprender el regreso, te la entregaremos.

-De acuerdo, es todo lo que puedo decir.

-Aníbal, después del postre iremos a recrear aquellos paseos nocturnos, ya ordené me preparen el farol de entonces.

Así fue, llegamos a la tranquera solo Bettina y yo y comenzamos el recorrido de aquellos tiempos, siempre el mismo paisaje, las estrellas, las luciérnagas y los sonidos de la noche, ya de regreso, ocurrió algo inevitable: nuestras manos a los costados, la mía izquierda con la derecha se rozaban, no pude más, tomé la suya y ella apretó con fuerza, mirándonos en silencio.

-Bettina, se ha roto el hielo y entonces?.

-Ah no sé, nuestro acercamiento quizás esté escrito en la propuesta que vas a llevarte.

-Entrégamela ahora, la miro en mi habitación y quizás demore la partida.

-Buenísimo, Aníbal no perdamos tiempo entonces. 

Nuestros rostros se rozaron y los labios se unieron en un largo beso.

-Bueno Aníbal, ahora te quiero ver. 

-Acá tienes el sobre, qué sueñes con los angelitos.

-Gracias, igualmente, aunque no sé si podré dormir.

-Mejor, así tienes más tiempo para pensar.

Llegada la mañana, todos a desayunar.

Bueno Aníbal, llegó la hora de la verdad, seguramente has leído la propuesta.

-Sí claro, pero tendremos que fijar posiciones definitivas.

Interviene Doña Sara:

-Aníbal, ahora hablaré yo. Escucha con atención.

Fue así que el joven se fue interiorizando de la propuesta y dispuso de plano aceptar las condiciones.

-Bien Aníbal, llamaré ya a un notario y certificaremos tu incorporación a la sociedad, juego limpio que se dice.

Así fue, el hombre quedó incorporado oficialmente a la empresa. Decidió regresar a su casa, prometiendo estar de regreso en dos días.

Bueno Aníbal, cosas vederes que non crederes, decía el Quijote. Quien iba a decir. Solo me falta el sí de Bettina que creo se irá a decidir.

Bueno bonita, ya estamos más cerca, nos acercamos más?

-Sí por supuesto.

*REFLEXIÓN FINAL:

Más bien parece un cuento de hadas, pero no es ninguna cosa imposible, una de las tantas historias que pueden suceder, ya que no tiene nada de fantasía ni ciencia ficción.

No hay para más amigo lector. Hasta pronto.

OSCAR

Rosario, Pvcia. de Santa Fe

Argentina- 12.03.2018.

                                                                                 


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